lunes, 8 de diciembre de 2014

El Faro y la Estrella y otros cuentos navideños: El origen de un proyecto soñado

La Navidad es quizá la festividad cristiana más extendida y difundida en todo el planeta. Con un origen histórico difuso, la celebración del nacimiento de Jesús en Belén fue situada en mayo por sabios egipcios, y posteriormente se hizo coincidir con el 25 de diciembre para asimilar más fácilmente a pueblos paganos (que celebraban el nacimiento del Dios-Sol) y romanos (que celebraban la Saturnalia en esa fecha).
Partiendo de esos orígenes, la Navidad como fiesta anual cristiana ha empapado la cultura occidental progresivamente, pasando de una celebración de carácter eminentemente religioso a crear un escenario festivo en el que poder desarrollar reuniones familiares o periodos de descanso laboral sin tener un sentido necesariamente religioso.
Asociada a la fiesta, y con antecedentes ilustres como el Cuento de Navidad de Charles Dickens, han surgido toda una serie de manifestaciones culturales relacionadas con la Navidad en literatura, cine y televisión que han tomado como protagonista a la propia fiesta o a algunos de los seres mágicos e imaginarios asociados a ella, o bien han elegido ese marco temporal para desarrollar en el mismo historias de todo tipo.
Todo esto, dicho rápido y pronto, sirva para decir de entrada que tanto Charles Dickens como Frank Capra -con su película Qué bello es vivir- hicieron crecer en mí el gusanillo del espíritu navideño como reflejo de lo mejor que podía mostrar el ser humano para con los demás, aunque solo fuera en un momento tan concreto y reducido del año.
Ebenezer Scrooge y George Bailey, dos caras de una moneda para transformar el mundo a su alrededor, para bien. El primero es ejemplo de avaricia y capitalismo salvaje -prestamista, nada menos-. El segundo defensor de la generosidad y la entrega a los demás en tiempos de una crisis tan fuerte como la que estamos viviendo. Y ambos viven en Nochebuena una experiencia que cambiará sus vidas para siempre y hará mucho mejor la existencia de aquellos que los rodean.


¿Qué lleva a un tipo como yo, lector impenitente desde los diez años, a escribir de forma continuada una serie de relatos ambientados en el periodo navideño, entre el año 1999 y el 2012? La culpa hay que echársela a Gloria Fuertes y a la radio. A la primera por esa serie de poesías infantiles cargadas de ternura y humor celebrando la Navidad. Y de forma directa a la radio, y más concretamente a la emisora local Radio Cadena Ser Elche, por haber recogido el legado de la poetisa madrileña y haber rebautizado su certamen literario anual en su honor. Lo que nos lleva a hablar del Concurso Radiofónico de Cuentos Navideños Premio Gloria Fuertes, un certamen que se celebra en la ciudad de Elche desde hace 49 años y que celebra la fiesta de la Navidad con una particular unión entre literatura y radio.
A mediados de octubre se suelen hacer públicas las bases de dicho certamen, y los escritores afilan sus lápices, cargan sus plumas, sacan brillo a sus teclados y remiten sus relatos navideños a la emisora, que selecciona tres finalistas por cada una de las categorías (infantil, juvenil y adultos). Cada uno de esos relatos es adaptado, locutado y radiado por la emisora en la segunda mitad de diciembre. Una fiesta que adoro, un certamen que la celebra, una figura a la que guardo gran cariño como madrina literaria... ¿El resultado?


Ya me gustaría que hubiese sido óptimo y que las ocho narraciones que conforman El faro y la Estrella y otros cuentos navideños hubiesen sido seleccionadas como finalistas del Concurso Radiofónico de Cuentos Navideños Premio Gloria Fuertes, pero lo cierto es que solo tres de esos relatos gozaron de ese honor. Así, El Faro y la Estrella resultó ganador de la XXXIV edición (1998), mientras que los relatos Ronda Navideña y La última proyección fueron seleccionados como finalistas en las ediciones XLIII y XLVI respectivamente (años 2007 y 2010).
Lo cierto es que fueron diez los cuentos escritos en un periodo de quince años, pero las continuas lecturas y revisiones me hicieron desestimar dos de ellos como cuentos navideños, uno por tangencial y otro por deprimente. Los ocho restantes conforman un corpus de cuentos que creo reflejan por un lado mi cariño por una fiesta que asocio a bastantes buenos recuerdos y sobre todo a grandes deseos y aspiraciones, y por otro guardan mucho de lo que ha llegado a ser mi vida personal.
Tras mucho tiempo dando vueltas entre carpetas y discos duros, la aparición de editoriales como Círculo Rojo orientadas a la autoedición como medio de impulsar proyectos editoriales al margen de la industria, me hizo plantear esta locura de proyecto... ¿Y si recuperara esos ocho relatos en un pequeño volumen, autoeditado con mimo, con ilustraciones, y lo lanzara en Navidad para poder hacerlo llegar a todos aquellos potenciales lectores que creo podrían llegar a disfrutarlo? En sucesivas entradas, amigos lectores, podréis comprobar parte de ese proceso así como algunas muestras del trabajo literario y artístico relacionado con el libro y sus ilustraciones. Apenas faltan dos semanas hasta la Navidad, acompáñanos en este pequeño viaje entrañable y sentido hacia ella.

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